lunes, 5 de julio de 2010

Arráncatelo

A veces me paro a pensarlo. ¿Y si mañana no hay mañana? ¿Y si al despertar las calles están inundadas por fuego y el nocturno silencio lo rompen gritos y llantos? Me imagino a más de mil personas corriendo en busca de un refugio, sin saber donde encontrarlo. Y yo, andando lentamente contracorriente voy mirando sus caras aterrorizadas. Me detengo en algunas, me detengo en rostros conocidos. Y me siento mal por sonreir al ver el miedo en su mirada, pero casi se me hace inevitable. ¿Cuantas veces caí de rodillas de dolor y pasaron indiferentes? ¿Cuantas veces ahogué mil resquemores en vasos de tubo? ¿Cuantas veces me sentí apartada y decidí hacer mi camino, sola? Tampoco creo que ahora fuese tan cruel hacer brillar una sonrisa. Ahora les tocaba a ellos. Y yo caminando entre el fuego, casi me sentía en casa. No había miedo, el calor no me abrasaba, los gritos no me aturdían y, ni siquiera, el odio me cegaba como de costumbre.
Al fin y al cabo, el tiempo nos pone a cada uno en nuestro lugar, nos da los frutos de un esfuerzo que un día sembramos y nos tirará las consecuencias de millones de errores que cometimos. Como he dicho, el tiempo nos cazará a todos. Eso te incluye. Capullo.




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