martes, 7 de septiembre de 2010

Confesiones de una mente confusa.

No lo vi venir, no lo esperaba. No sabría explicar lo que fue y lo que para mí, eres ahora. No se si te podría mirar a los ojos, ni si me temblaría la voz al hablar. Tampoco sé si es mi culpa, si empecé yo. Tampoco te diría que te echo de menos, aunque lo hiciese. No te puedo decir que no te guardo rencor, tampoco lo admitiría. No te contaré lo que pasé. Sabrás, aunque no me guste, que casi cada partícula de este universo me recuerda a tí. No me imaginas, sonriendo irónicamente por cada promesa tuya que recuerdo, pero lo hago. Tú, cambiaste el guión y las rompiste todas. Quizá te reirías si te cuento los vasos de ron que te dediqué a partir de entonces, y los vicios que poco a poco adquirí. Seguro que no me reconocerías meses después, pues para mí y en mí mucho ha cambiado. Lo siento por tí si te molestó que empezaran a sanar las heridas antes de lo previsto, yo tampoco lo esperaba. Pero felicidades, sólo tú sabes abrirlas tan sutilmente. Y estoy preocupada. Porque te borraría de mis recuerdos, porque no te quiero ahí, porque te diría al oído lentamente que desaparecieses de mi vida, pero no encuentro el modo de hacerlo. Y al final, me da pena. Me da pena porque no siempre se encuentra una mentira tan perfecta como tu lo eras. Y no todos los días decides vivir de/por ella sabiendo que tarde o temprano la verdad sale a flote.




"A ti que te supo tan mal que yo me encariñara con esa facilidad..."

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