miércoles, 15 de diciembre de 2010

Quattro

Nacen diez sonrisas por segundo que hacen mi ánimo subir y subir. Y siento un cosquilleo molesto pero agradable a su vez dentro de mí. Veo como se abre conmigo y él tampoco entiende por qué motivo lo hace. Pega patadas en mis pensamientos a recuerdos basura demasiado dañinos para ocupar espacio y se sienta él, con sus tonterías y su simpatía. Se mete las manos en el pecho y lo abre para mostrarme como en realidad es y cada metro que avanzo en la carretera de su vida me doy cuenta de que cada vez me parece más impresionante.
Siento la urgente necesidad de sentarme con él horas y horas a hablar de todo y de nada y bastarnos con ello. Se cuela en mi cabeza y yo en la suya, y otra sonrisa sale a flote.

Y vamos a 120 por la general, y no voy a pararme ni a respirar.

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