jueves, 23 de diciembre de 2010

Todo se balanceaba.

Por primera vez he sentido lo que es el miedo real, lo he tocado con los dedos y se ha burlado de mí. Se ha apoderado de mi cuerpo de una manera tan horrible que más tarde, todo me parecía irreal. El miedo tiene cara, el miedo tiene miradas imposibles de sostener. Por un segundo he sentido la necesidad de desgarrarme la voz gritando de pánico. Quería coger las cinco últimas horas y arrugarlas y tirarlas cual papel. La impotencia crecía cada vez que un médico salía de la sala con cara de haber cumplido su trabajo, de haber manoseado otro trozo de carne más. Las complicaciones iban en ascenso. Y ahí seguía él. Con los labios pálidos, tiritones, delirios y sumido en anestesias.
No valían salas de espera, no valían cafés baratos, no quería sentarme en un sofá a esperar, ni quería aparentar más indiferencia y serenidad.
Además intentaba no pensar en esa frase que se repetía una y otra vez en mi cabeza. Joder, juro que he intentado no ser pesimista. Que he intentado poner madurez y fuerza en ésto, pero no podía ver más como la persona más importante de mi vida prendía de un hilo. Y el miedo me ha comido por completo... Y me siento extremadamente mal por ello.



1 comentario:

  1. Te he encontrado por casualidad, pero me gusta como escribes.. te sigo :)

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