jueves, 29 de diciembre de 2011

Día 0



¿Hola? Tú, si tú. No hagas como si no nos conocemos. Soy ese suspiro cada insoportable día frente al espejo y ese peso que te hace agachar la cabeza cuando vas solo. Soy ese pensamiento que te hace preguntarte si deberías cambiar algunas de tus costumbres. Y ese momento incómodo cuando te das cuenta de que no deberías decir/hacer muchas cosas que dices/haces. Vengo a decirte que se acabó. Basta ya. Ni es todo tan negro, ni todo el mundo te odia, ni tu odias a todo el mundo, ni todas tus imperfecciones son fallos. 
Cada segundo que malgastas entristeciendo los días, tus días, son oportunidades de cambiar. Y esta es la tuya. Soy tus malos recuerdos y me voy para no volver. Habrán días que pienses en mí pero sé que estás preparado para hacer esto por ti solo. No me decepciones por que creo en ti, no me falles. Te dejo y suerte con lo que viene. Suerte con el primer día del resto de tu vida.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Si salí del agujero solo fue para ir a verte

Y yo sólo buscaba una cara bonita, a la que gritar
lo que esta soledad me da y me quita
y mitad necesidad, mitad tirita...

sábado, 10 de diciembre de 2011

Fría como el mármol



Quieres saberlo...¿Te interesa saber por qué te dejé sola o por qué no seguí tu farsa? Te dejé por que eramos o tú o yo, no existía término medio, igualdad o amistad terciada. Avancé más allá de tus pasos por que un día me desperté y sólo era un peón más en tu tablero. Aquel que reservabas por si se comían al Rey, aquel otro que se pondría delante de ti ante cualquier adversidad. Una pieza en un juego que sólo entendías tú. Perdido entre casillas blancas o negras, como tus días. A veces blancos, a veces negros. Un trozo de mármol destinado a acatar órdenes, a vivir con temor de que mis movimientos no te agradasen. 
Y un bonito día, reina, tu peón, rozó el límite y alcanzó el final del tablero. Y ya sabes como funciona... Reina muerta, reina nueva. Pero no, aquel peón no quería ser reina, ser más que tú o reinar sobre ti, lo único que quería este peón era poner fin a tu estúpido e insufrible juego.

domingo, 27 de noviembre de 2011

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Lecciones solo dan los más ancianos y aprender, solo se aprende de la muerte. No creo que ninguno de los dos sepamos mucho sobre ninguna de las dos cosas.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Sweety


Los pasos se escuchaban a través de las paredes. Sus tacones de charol negros marcaban un ritmo pausado. Sus piernas eran adornadas con dos ligas negras que cuadraban a la perfección en su final de encaje con unos tersos muslos. Blancos y tersos. Tan sólo la imaginación alcanzaba a preguntarse si más arriba eran pantalones cortos o una muy minifalda, los que acompañaban a las sensuales medias. El resto de su cuerpo era cubierto por una gabardina color cmel, aunque faltaban varios botones por abrochar. Sus pechos asomaban levemente por aquella apertura, unos pechos normales, ni muy grandes, ni muy pequeños, perfectos.

Su pelo, era una mezcla de virginidad y pureza, pero que aparejado con aquel vestuario, perdía cualquier atisbo de inocencia. Negro azabache, una media melena a la altura de sus hombros, que desembocaba en un flequillo recto por encima de sus cejas.

Caminaba segura, decidida. Meditabunda y alarmantemente tranquila. Esos ojos color ámbar, presididos por un palco de espesas pestañas negras, sabían lo que hacían. Miraba al frente, y seguía jugando con el sonido de sus tacones en la moqueta color burdeos del hotel. Buscaba el número de la habitación. Con las manos metidas en los bolsillos de la gabardina, se entretenía con el encendedor que se colaba entre unos femeninos y largos dedos.


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Sus labios coloreados de un rojo carmín, se relamían al ver aparecer la puerta en la que todo acabaría. Al entrar en la sala, un olor a desesperación, a violencia y a muerte le azotó en la cara. Se deshizo de la gabardina, colgándola en un perchero con las puntas de color plata. Una camisola de gasa negra con puntos negros más espesos era la única tela que cubría su piel. Sacó del bolsillo una boquilla que terminaba de dotarle poca elegancia que le faltaba para ser definitivamente una diosa entre mortales.

La habitación estaba casi vacía. Únicamente colgaba una bombilla desnuda del techo, que fallaba por segundos, haciendo parpadear la tenue luz. Las paredes, en su mayoría descorchadas, lucían estampados de humedad. Y contaba tan sólo con el lujo de una ventana, la cual había sido tapada por más de 3 espesas cortinas.

Fumaba mientras miraba a un hombre que vestía una camisa blanca por fuera de los pantalones, con las mangas subidas a mitad del brazo. Machas de sangre habían salpicado su cuello. Patrick estaba atado de pies y manos a una silla de madera. Colocado en el centro de la estancia, dejaba caer su cabeza hacia delante, cansado de pelear contra las cuerdas que le castigaban las muñecas desde hace horas. Gotas de sudor negro caían por sus sienes y rompían en el borde del estropajo que tapaba su boca. Lo observaba fríamente. Ni pizca de piedad en esos ojos de niña camuflados en un maquillaje de auténtica prostituta. Se colocó detrás de la silla y posó su mano izquierda en el antebrazo del derecho, el cual estaba levantado sujetando la boquilla. Se agachó lentamente hasta que sus labios casi rozaban la oreja de aquel tipo.


- ¿Sabes una cosa? -Hablaba lenta y dulcemente, sin maldad en su voz- En otoño las hojas se caen y pequeñas ramas adornan las aceras. Los niños, sí... Los niños son tan crueles ¿Verdad? En otoño, los niños corren al colegio, y en su camino, pisan esas ramas. ¿Puedes imaginar el sonido que hace una rama al partirse?


En ese momento sus ojos brillaban levemente. Ira, dolor, ansiedad. Venganza. La mujer deshizo el nudo que componían sus brazos para subir una de sus manos hasta la coronilla del secuestrado. Sus dedos se perdieron entre el cabello de este y una vez lo tuvo bien agarrado, tiró de él hacia atrás. Los ojos de Patrick se abrieron de par en par y su respiración entrecortada se aceleró súbitamente. Miedo.


- Oh cariño...


Esos labios rojos hipnotizaban por la lentitud y la elegancia en que se separaban y se volvían a juntar al pronunciar cada palabra. Sus manos acariciaban ahora el cuello del hombre provocativamente.


- Cariño, yo era esa rama. Mi puto incrédulo corazón era esa rama.... Y tú -Volvió a tirar del pelo hacia atrás con una fuerza que no le correspondía- tú Patrick, eras aquel odioso niño que jugaba a partir ramas en otoño, a tu antojo. Eras ese jodido niño egoísta que jugaba a la destrucción. Tú. Tú eres el culpable de que ahora estés en este infierno, y de que yo sea, en este momento, un ángel negro sin corazón.


El hombre de la camisa blanca estaba tiritando. A pesar de los grados de aquella sala, Patrick tiritaba. El pánico huía de cada uno de sus poros y era tan evidente como la muerte escrita en su piel. Ella, se colocó delante suya y se agachó hasta quedar a la altura de su mirada. Acortó la distancia que los separaba para depositar un suave beso carmín en su frente, para después volver a buscar su temerosa mirada.


- Te quise tanto...


Se levanto con una agilidad envidiable y continuó fumando, ahora en intervalos de tiempo mucho más cortos. Se puso la gabardina que había dejado en el perchero, esta vez sin abrochar ninguno de sus botones. Esta vez la sensualidad era explícita. Agarró una garrafa de un líquido amarillento y roció todo el suelo de la habitación. Patrick gritaba con los ojos desorbitados. Ella metió la mano en el bolsillo de su gabardina y sacó de ella una foto y el encendedor. Las dos personas que protagonizaban la fotografía eran reconocibles y lucían los dos una risueña y enamorada sonrisa. Levanto la fotografía y le prendió fuego.


- Hasta nunca, amor.


Y lanzó la fotografía al suelo empapado en gasolina. Cerro la puerta sin dedicarle ni una última mirada y echó a caminar por el mismo pasillo que había recorrido antes, mientras abrochaba los botones de la chaqueta. Se escuchaban los gritos unos metros atrás. Y las sirenas de la policía no tardarían en aparecer. Caminaba firme y con una sonrisa de saciada venganza. All along the watchtower sonaba en su cabeza mientras recordaba, dando una última calada, el infierno que había dejado junto a único amor en aquella habitación seiscientos sesenta y séis.


sábado, 19 de noviembre de 2011

Eternos


Siento cada minúscula elevación de la superficie de su lengua rozándose con la mía. Y no sé si son las yemas de sus dedos bailando delicadamente por mi nuca o las milésimas de segundo en la que nuestras miradas coinciden, que parecen minutos. No es por eso del romanticismo, pero nos hipnotizaban las miradas y yo no me pensaba separar. Los rizos castaños casi rubios, poco marcados, enredándose en mis manos, provocaba una erección en tu piel y me hacía tener la certeza de que en ese momento sólo te importaba yo. Eramos sólo los dos. Su boca y la mía. Su cuerpo y el mío. Su alma, en la mía. Y lo lamía. Mi lengua subía tu cuello otra vez, respirando tras su paso para traerte el frío del invierno en el momento más caluroso del mes de agosto. Que aparte de sudar o no sudar, quería que se olvidase de sexos, ni yo mujer, ni él hombre. Etéreos, amor. Quería hacer que cada vez que te acordases de este instante, se concentrase toda tu sangre en un único punto, que te sonrojases en cualquier lugar por la presión. Y trazo lineas a lo largo de tu abdomen. Sabes cual es la canción que suena y sabes por qué ahora. Te has deshecho ya de toda tela inservible y disfrutas de la desnudez de mi piel. Juegas con cada curva que marca mi figura, a la vez que tu cuerpo se pierde entre mis rodillas. Cansada ya de formar constelaciones con los lunares de tu espalda, de arañarte puntualmente después de cada mordisco allá donde sabes, te miro desde arriba. Vuelves a ser tú la víctima de mi control y la desesperación de reducir y acelerar la velocidad a mi antojo te está matando. Sé lo que quieres una vez más y aunque ya lo intuyas te lo digo... "Planeo hacerte el amor, cariño."

sábado, 12 de noviembre de 2011

Listen man...


No es que nos creamos nada, a ver... Es sólo que cuando os vemos utilizar esas palabras de mierda para lamerle el culo a todos vuestros superiores nos dan ganas de sacaros los ojos con nuestras propias uñas. Que no es que os tengamos rabia, a ver... Es solo que nos ponemos unas zapatillas dos tallas más grandes para patearos el puto culo con algo de mayor tamaño. Y no es que vayamos de rebeldes sin causa o con causas un poco perdidas, es que nos negamos a pasar los años, que cada vez se consumen más rápido, de nuestra vida construyendo una imagen nuestra que ni si quiera nos llegará a convencer a ninguno. Vuestros trabajos terminarán siendo igual de repugnantes que los nuestros, y la gente que os rodea se va a morir igual que hacemos todos. Así que hacednos el maldito favor de olvidar que existimos. Que intoxicamos nuestros cuerpos cada fin de semana con lo primero que nos ofrecen. Que follamos como nunca follaréis ninguno. Que pasamos de pelotear a nadie para conseguir nada. Porque por mucho que vuestra reputación y la nuestra se diferencien, cuando nos muramos, todos los que hablen de esta puta generación dirán lo duro que trabajaron estos hijos de puta para vivir cada segundo como el más último.

domingo, 6 de noviembre de 2011

+ / -


No vamos a dramatizar el momento más de lo que la situación requiere. No, no hay botes de pastillas vacíos en el suelo de mi habitación, ni cicatrices de cortes en mis muñecas. Ni las habrá. No lloro todas las noches por lo injusta que es esta vida puta, ni por las barreras que parece obstaculizar sólo a los cuatro a los que amo. Si es verdad que grito, que me enfado y que odio más de lo debido. También es cierto que la mayoría de las veces es todo mi culpa. Y son mis pasos en falso y mis decisiones las que complican el curso natural de mi sino. Pero ya os digo que no le puse destino fijo a mi final y que no quiero ni siquiera intentar averiguarlo. Es sólo que a veces me nublo y le hago otro nudo más a esta cuerda que está harta de tantos líos. Perdonadnos a mí y a mis demencias momentáneas que a veces tengamos días tan grises, pero entended que también los fuertes tengamos que preocuparnos a veces por si dejásemos de serlo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Yo que sé, no lo sé.


Antidepresivos y alguna que otra droga blanda. No tengo ni idea. No sé porque a veces vivo en realidades paralelas ni porque otras veces me gustaría quedarme siempre en ellas. No sé por qué no me gusta la gente, ni sus mentiras, ni sus sonrisas de pegatina. No sé por qué no confío en apenas nadie. Ni por qué me ha gustado al final perder cada una de las cosas importantes que hacían de mí un yo. No sé por qué me gusta sentirme tan tan viva sólo por momentos. No sé porque estoy esperando a que su tren descarrile, sabiendo que soy yo la pieza de esa puta vía la que falla. Y no sé por qué me encantaría sonreír cuando sus planes fallen. Me da exactamente igual a quién vayáis a votar, y quién queréis que os gobierne. Me da igual que queráis ser gobernados. Y me da igual si al final las cadenas os aprietan de más. No sé cual es la fuerza invisible que nos une, ni por qué nos une. No sé por que la envidia siempre me come, ni por qué siempre me ha dado igual reconocerlo. No sé por qué no me metí debajo de su jersey, pero por qué si lo busqué después debajo de las sábanas. Es que no lo sé. De verdad que no le veo el sentido a todo esto del ser o no ser. No le veo el sentido a nacer en un punto y saber exactamente cual será el punto y final. No le veo el sentido a llamar casa a un sitio temporal, ni de llamarte amigo porque te consideres mi igual. No lo entiendo... En serio, no se de qué va esta mierda que me ha tocado, ni por qué es mejor o peor que la tuya, no lo sé. Me da igual. Y no me preguntéis por qué hago o dejo de hacer las cosas. Es mi juego y mi juego funciona así. No voy a planearlo todo, ni rendirme, ni luchar. No lo entenderías, no intentaré explicártelo porque yo que sé, no lo sé...

sábado, 15 de octubre de 2011

19:17

El piano sonaba. Su melodía se mezclaba con los susurros de todas las personas vagaban a mi alrededor. El ruido del choque de cristales, vasos, tal vez copas, rompía la armonía del sonido, culpable de tenerme sumido en mi triste historia.
Otra vez el mismo bar, otra vez el mismo sitio enfrente del cristal, otra vez el mismo whisky. Miraba los hielos que en mi vaso quedaban, dándole vueltas mientras los mismos pensamientos me golpeaban las sienes. Levantaba la vista de vez en cuando, solo para decirme una vez más al ver todas esas caras, que yo valía mucho más que toda esta mierda que nos quieren vender.
Ella.
Ella era lo único que lo echaba todo a perder. Siempre rompiéndome los esquemas. Siempre pidiéndome cosas que yo jamás iba a darle. Siempre mi puta duda permanente de si tirarme solo al vacío o arrastrarla conmigo.
Cogí mi abrigo mientras me tragaba los hielos que quedaban aún en el vaso. Caminaba con la mirada baja, pero con aires de ganador.
Hubieron tiempos mejores, claro que sí, pero prefería dejar de fingir que no era consciente de como me manejaban continuamente. Fui yo, sí, el que eligió llorar por ser libre, a reír siendo preso.
Ella no lo entendía... Mi móvil sonaba una vez más en el bolsillo. Tarde. No iba a contestar a sus llamadas si no era para decirle, que las marcas de mi cuello no las había dibujado su lujuria. Tampoco iba a contarle que los moratones de mi cara fueron en un principio las hostias de una vida que se negaba a dejarme libre.
No, no se lo pensaba contar a nadie. Que estas cicatrices y todas estas heridas nuevas no dolían. Que eran fruto de muchas lecciones más que aprendidas.
Levanté la mirada del suelo y vi a un par de personas que conocí en algún momento de mi corta vida. Giré la mirada por que ya no importaban. Sabía que pensaban que había perdido el rumbo.

Encendí otro más. Notaba como el humo se colaba por cada espacio de mi cuerpo. Casi podía imaginarlo. Me paré en un punto del trayecto y me apoyé en la pared. Miraba como la tarde caía otro día más, y seguía sin saber si mi mierda de historia tenía un guión claro.

- ¿Que no sé cual es mi rumbo?

Ahí estaba, como un puto suicida, enfrente de su portal, con una moneda en la mano tirándola hacia arriba:

- Cara, llamo y nos destruimos los dos. Cruz, bah, vamos a acabar destruyéndonos igualmente...

martes, 6 de septiembre de 2011

You've no idea.

Sigo pensando que amor se escribe con sangre. Cada día. Amor se escribe con lágrimas y se escribe con dolor. Amor es volver a meter el dedo en la herida una y otra vez, y arrancar la costra para que vuelva a sangrar, que sangre, arráncala tantas veces como quieras hasta que te quede marca. El amor es tiempo. Amor es riesgo. Es saber que cuando acabe no desistirás, no vas a querer otro, porque solo existe un amor. Y si para tener amor cada puto día de mi vida tengo que pasarlo mal, voy a pasarlo mal. Por que estoy en esto al cien por cien. Y el dolor me inspira, y el dolor me calma y por raro que sea, el dolor me sana. Porque si todo lo que siento cuando duele es amor, quiero que me duela eternamente.

jueves, 7 de julio de 2011

.You shine brighter



Me pueden. Terminar de comer e imaginarte diciéndome con la mirada que me tumbe contigo en el sofá. Quedarnos dormidos mirándonos, sin tener que decir nada. Todas las mañanas antes de despertarme notar un beso tuyo en la cabeza. La manera en que aprietas mi mano más para decirme "cuánto te he echado de menos" sin hablar. La forma de tus ojos cuando me miras con cara de crío. O los hoyuelos de tu sonrisa que aparecen sólo a veces. Las patadas por debajo de la mesa de la biblioteca. Los insultos y alientos en los apuntes. Mil doscientos cigarros compartidos. Las muchas cenas y comidas. Salir de la habitación con la camiseta que llevabas la noche anterior. Sentarme contigo. La forma en que borras una lágrima de mi cara con un dedo. Los muchos besos mezclados con lagrimas. Los programas absurdos de la Mtv. Las películas los mejores fines de semana del año. Hacernos los ricos. Comer helado. Coger mucho mucho helado en una cucharada, pero que siempre te quepa. Las cosquillas-caricias. La crema de manos y su olor. Tu carpeta que pasó meses conmigo. Encontrarte a las 9 de la mañana en una mesa solo, rodeado de apuntes como un loco guardando sitios, y sonreírme con los cascos puestos, pendiente de que llegase. Bajar las escaleras de dentro de la facultad y verte fuera liándote un cigarro. Que me abraces en el bus de camino a casa mientras voy medio dormida. Hacerme crestas con el champú, o decirme..."Oh, princesa Leia". Verte hacer nuggets. Tirarme el agua encima cuando estoy tranquila. Enfadarte y darme la espalda, y tener que ir siempre a abrazarte para no pelearnos. Que me digas por las mañanas "Que guapa vienes hoy" o hacerte un guiño cuando sabes que algo de lo que llevas me encanta. Tocarte el pendiente de la bola verde y negra. Y tu cicatriz. Cuando te ríes de mis tortazos, de que me dé siempre con todo, de lo torpe que soy. Cuando me río de lo bobo que eres tú. O de la pose de todos los putos maniquíes de la Gran Vía. Que descoloques los cd's del Corte Inglés para que nadie compre al Tote, por ejemplo. Que rompas el póster. Que tiremos la torre de apuntes. Ver monólogos desayunando y que siempre te descojones con todo escondiéndote detrás de mí, cosa que hace que me ría más. Las patas de la cama. El SOS. La manera de cuidarme durante todo el festival. Que me aupases para ver a los Zombie Kids. La forma en que me mirabas durante el concierto de The kooks, los besos entre canciones. Cantarme Do you wanna. Escucharte cantar Copenhague abrazada a ti. Darme un cosquilleo durante toda la canción. Los piques de quién agregó a quién, y quién fue detrás de quién. El ruido que haces con la boca cuando Adelfa está en su habitación. Hacer pedorretas con un globo cuando se estaban peleando. Hacer pedorretas en la ventana para que lo escuchasen mejor. Dejarnos las llaves dentro de casa. Buscarnos la vida. Hacer las prácticas los viernes por la mañana deprisa y corriendo. Decirte el jueves que el viernes iría a clase si o si, y saber por dentro que dormiríamos hasta las 11:30. El ascensor. Los calamares que mercadona me timó. El partido que te encendiste con uno porque me dijo cosas. Los segundos fugaces que te vi bailar aquel día con aquel gorro y aquel jersey. Las gafas que me rompiste en las fiestas. Las borracheras juntos. Convencerte siempre para que te quedes conmigo. Las competiciones por dejar marcas feas en el cuello. El lunar que te desapareció por arte de magia. El enfado por cortarte el pelo, pelo que luego me enamoró. El enfado por hacerte otro pendiente, pendiente que luego me encantó. Los moratones que me hiciste en el brazo por devolverme los bocados. Matarte a patadas por cosas como llamarme Chewaka o cosas del estilo. Morderme en la cabeza y la nariz. El calor en las noches de invierno, el hielo alguna noche en verano. Los millones de billetes de tren que guardo. Ponerme nerviosa siempre que llamas al portero y esperarte ansiosa en la puerta. Los partidos de fútbol y baloncesto que me has hecho ver. Imitar a Sofia y Lola. Hablarme de tus cosas. Escucharte. La vez que entraste en el examen de derecho. La sonrisa que me ponías cada vez que conseguía hacer algo bien por fin. Escucharte decir que tú sabías que podía. Las noches que has entendido mis ralladas y has estado conmigo, para que me desahogase. Viciarte con mi portátil y luego dejarme abierta la sesión en todos los sitios. Buscar pichas cortas y descojonarte como un niño. La foto de la mierda que aparecía en la Frikipedia cuando buscamos Orihuela. La mañana que no fuimos a clase por ver videos de batallas de gallos en la cama. El día que te hiciste polvo la pierna en un partido y te la estuve curando con rap francés de fondo. La noche en que te puse esa canción de Art2 para que me perdonases un pique y aquellos 3 increíbles minutos. El día que me enfadé por que te ibas y me dejaste Me and my woman puesta super fuerte...


Son cosas que el verano me ha quitado, son cosas que echo de menos y que necesito como el respirar. Y es por eso que estoy así... porque no hay nada que pueda sustituir estas y otras cien mil cosas de las que dependo, ni dos meses, ni dos días...

martes, 14 de junio de 2011

Fuck

Tan solo quiero dormir hasta la tarde, malgastar horas en la playa, beberme un par de quintos fresquitos todos los días, compartir un cigarro con mi mejor amiga y escuchar música en la cama con mi chico. Quiero que desaparezcan ya estos putos apuntes y que acabe esta pesadilla de mierda.

domingo, 5 de junio de 2011




Se que un día van a acabar conmigo. Me van a consumir. Me voy a quemar, y de mí solo quedará ceniza.

miércoles, 18 de mayo de 2011

5meses 20000 causas

Es distraído. Se pasa las 23 horas del día entrelazando sus dedos o sus manos. La expresión de su cara cuando se ríe es como mínimo adorable. Cuando va andando sujetando mi mano, hace como si se cae y se levanta diciendo "Ui, casi me caigo..." y pone cara de no saber de qué va la cosa. Me resulta súper irritante cuando estoy cocinando y no deja de joderme la vida con las tijeras. Aunque no sepa recortar... Siempre que algo le da vergüenza o se pone nervioso se toca el pelo aplastándolo. Me encanta cuando lleva todo el día esperando para contarme algo, porque sea lo que sea hace de esa historia algo increíble. Es de las pocas risas que se me contagia al 100%. Adoro su risa. Lleva siempre, SIEMPRE los pantalones 8 metros más abajo. No pienso hablar de su pelo, porque no quiero parecer una enferma. Siempre se hace de rogar para quedarse conmigo, pero sé que el siempre sabe que se terminará quedando. Nunca he visto a nadie llevar un jersey sencillísimo de la manera en que el lo lleva. Quizá sus miradas en una biblioteca o incluso por una cámara, sean las culpables de que me haya vuelto loca. Adoro su risa. O quizá más de un beso, mientras pone una mano en mi cuello. Otra cosa que me encanta es el poder ser amigos el 80% del tiempo, y en milésimas de segundo ser más pareja ninguna otra. De cinco meses, 4 y medio han sido un cumulo formado por los mejores días de toda mi vida. ¿He dicho ya que adoro su risa? Cualquier momento y cualquier cosa que se nos ocurra siempre es alucinante si es con él. No puedo evitar sonreír si lo recuerdo abriendo la boca mientras comemos, meterse el dedo en la nariz mientras lo miro fijamente, los veintiocho escupitajos que le debo, el portazo del primer día, la cerveza que tiró en la cama una noche por no llevar lentillas o cuando esta mañana hacía como si le metía un mechero por el culo a una mujer en el ascensor. Pero me asombra muchas veces lo maduro que puede llegar a ser, y las pocas personas que lo saben. Se preocupa por mi, por lo que me pase, por como me encuentre y me cuida por que me quiere. Yo le quiero porque no me ha dejado otra opción, porque es imposible no enamorarse de algo así.






sábado, 30 de abril de 2011

Verás

Tengo tantas cosas que decir, que aún no entiendo por qué callo.


martes, 19 de abril de 2011

martes, 22 de marzo de 2011

martes, 15 de marzo de 2011

El mundo, que sigue siendo una mierda

No eres mejor por ver películas de culto ni leer grandes novelas. No eres más aceptado por escuchar éste u otro tipo de música. No eres más fuerte por esconder el rostro tras una bandana ni por las cadenas que cuelgan de tu cinturón. Tampoco tu inteligencia se mide por la talla de sujetador o el color del pelo. Y no por tu estatura eres más o menos vulnerable. Por lo que no eres menos culpable por haber pedido perdón mil veces.

El valor de las personas está muy por encima de todo lo físico y superficial. Al fin y al cabo, lo único que demuestra las cosas, son los hechos. Y escasean, escasean mucho.

domingo, 6 de marzo de 2011

In the daylight, anywhere feels like home.

"Y quién soy yo..."

Un niño se levanta en medio de la calle y grita.

"Y qué hago aquí..."

Quiere saber dónde está el sitio que le corresponde en el mundo. Quizá no sepa a dónde ir, pero si sabe que no quiere seguir viviendo entre serpientes y perros de tres cabezas. Se ha levantado y le ha gritado al cielo hasta quedarse sin voz. Quiere llorar y se siente horriblemente solo.

"No van a venir."

No le gustan las prisas, no le gustan los problemas y no le gusta la ciudad. La gente pasa indiferente por su lado, gente que sube, gente que baja... ¿Habéis soñado ser invisibles? Está muy lejos de ser algo de lo que presumir.
Mareado de observar el gentío, se encierra en la burbuja de sus rodillas y sus brazos en un rincón de la gran avenida.

"Siguen sin acordarse de ti."

Por que cuando te alejas de todo, te acercas al olvido.

"Qué hice mal..."

La ciudad más fría que nunca, el ruido tan molesto como siempre. Pero él no escucha, y no hay peor ruido que el silencio. Es entonces cuando sus miedos, como una ola empiezan a ahogarle.

"No me gusta este lugar."

Sí, desea tanto volver... quiere que vengan a por él. Quiere empezar de cero. Quiere salir más y encerrarse un poco menos. Sabe que debería portarse mejor con su padre y decirle a su madre cuanto la quiere. Decirles que tenían razón. No es tan fácil.

"Necesito sentirme en casa."

sábado, 5 de marzo de 2011

If you were wondering...




Llevaba unos días preguntándome qué estaba haciendo con mi vida. No estaba conforme con nada. Y sabía que el causante de todos mis problemas, era el cúmulo de mentiras que yo misma había provocado.
El continuo intento de distraerme y salir, de dejar de pensar un instante, siempre acababa siendo un fracaso. Quizá fue la perseverancia que siempre me persigue la que me empujó a continuar. No iba a desistir.
Sonó el timbre y de repente tres tíos volvían a ocupar el mismo sofá. Puse todos mis esfuerzos en no seguir ensimismada. No sé si fue gracias a la cerveza, a la compañía o a mis ganas de dejar de culparme por todo lo que pasaba pero funcionó.
Tal y como los recordaba la última vez que vinieron, no paraban de hablar. Y yo, no paraba de reír. Un pequeño estorbo me hacia perder la atención continuamente, y rezaba por que se marchase en cualquier momento. Mientras, sin dejar de entrelazar sus manos, seguía uno de aquellos chicos en mi salón. No quería ser descarada, pero cada vez que dejaba a mis ojos posarse sobre él, se me encogía el corazón.
Refugio. Era tarde y apenas habíamos cruzado unas palabras y unos cuantos cigarros. Di gracias a Lucky Strike por haberme empujado aquella tarde a comprar mentolados. El sitio de mi lado se quedó vacío y lo último que habría imaginado era que se sentase a mi lado. Pero lo hizo. Y una corriente eléctrica sacudió todo mi cuerpo mientras me sonreía. Me ponía nerviosa y lo sabía.
De vuelta a casa, seguía mi paso. Lo tuve al lado todo el trayecto mientras hablábamos de cualquier idiotez. Llegamos a la puerta y la lista de "Cosas estúpidas que compartir con un desconocido" se había acabado. No quería subirme a casa. La nube negra que llevaba meses sobrevolando mi cabeza estaba cada vez más clara ahí arriba y yo me había olvidado de que estuviese incluso. Y allí estaba el apoyado en un coche oscuro con los cristales tintados, mirándome, sonriendo de nuevo. De haber estado los dos solos no sé que se me habría pasado por la cabeza. No lo sé. Pero me inquietaba tanto cuando me miraba, que me quedé paralizada en el portal, con una necesidad terrible de acortar la distancia que nos separaba.

Días despues, no es que fuesen claras, ni que hubiesen desaparecido. Es que las nubes, seguían ahí, pero no eran negras, y tampoco me miraban desde arriba. Ahora era yo la que flotaba sobre unas nubes blancas y esponjosas, que casi parecían algodón. Mi atención se centro tan solo en saber más sobre él. Me alucinaba absolutamente todo lo que giraba entorno suya.

Era jueves de nuevo y la gente salía la mayoría con vestidos bonitos, algunos hasta con traje. Los restaurantes estaban hasta los topes y las calles abarrotadas de gente. Eran las cenas de navidad.
Después de litros y litros de cerveza y sangría, me llevaron a Borneo, y no paraba de mirar el móvil. Después de casi una semana, dedicando cada instante de mi día a día a aquel chico, las ganas de ver que era real eran cada vez mayores.
Según lo acordado, después de estar con la gente con la que había salido, vendrían a buscarme. Pero me daba la sensación de que se habían olvidado. Después de varias llamadas sentí que algo iba mal y me asusté.
Al otro lado de la sala, unos familiares ojos grandes y oscuros no paraban de clavarse en los míos. Por más que ignoraba sus miradas, no paraba de acercarse, más y más. Y según el alcohol bajaba me sentía menos capaz de aguantar esa situación. Me agobiaba estar allí. Me encontraba mal. Me quería ir. Quería que él viniese a por mi, pero el móvil seguía sin sonar.
Me salí fuera del local para tomar aire y recuperarme un poco. La gente salía a hablar conmigo, me dijeron varias veces de ir a otro lugar. Pero no escuchaba nada de lo que decían. Sólo lo buscaba con la mirada por toda la calle. De repente, cuatro rostros que conocía ya bastante bien se habrían paso entre la gente de mi clase y se me aceleró el corazón pensando que detrás de ellos, iba a estar él. Pero tampoco estaba.

Me llegó un mensaje que pretendía tranquilizarme, pero no funcionó como se esperaba. Mis nervios aumentaron. No llegaba. Me levanté, respiré hondo y me propuse no pensar en ello o los nervios iban a acabar conmigo.
Y entonces lo escuche gritar por detrás. El calor me subió hasta más arriba de mi cabeza. Lo que sentí al volver a verlo no puedo ni describirlo, sólo sé que anestesió cualquier dolor que pudiese tener aquella noche de diciembre.
Empezamos a hablar, después de una semana sin descanso ya no eramos completamente unos desconocidos y ya sabíamos por donde tirar. Echamos a andar y al rato estábamos ya solos. Tuvimos que regresar con los demás.
Tras una pequeña parada en el piso, quería decirle que se quedase allí conmigo. Pero sabíamos que ni era el momento, ni podíamos dejar a los demás así.
Próximo destino a media hora andando, con 5º en la calle a altas horas de la madrugada. Sí, el escenario perfecto. Me quitó mi anillo, y el simple roce de su mano con la mía me hacía tiritar. Media hora de camino haciendo como que quería recuperar mi anillo. Fue la tapadera perfecta para estar todo el camino pegada a él. A veces hasta me enganchaba de su mano y seguía caminando sin soltarme. Ahora parece todo muy simple, pero en su momento era completamente irreal.
Entramos al garito del que me habían hablado antes. Gente rara, muy oscuro, música alta, buena música. Tiramos los abrigos por ahí. Y nos quedamos los cinco en un círculo. Lo miraba desde abajo. Me parecía más alto que nunca. Tarareaba una canción de Extremo mientras ladeaba la cabeza y se subía las mangas.
Quería dejar de mirarlo tan descaradamente, pero no podía. Vi el anillo y volví a las andadas. hablábamos de cosas tontas e intentaba quitarle mi anillo a cada momento. No soltaba su mano, y cada vez lo notaba más cerca. Los demás se habían alejado y nos habíamos quedado él y yo, en medio de "Sala B", peleando por un anillo que tampoco es que ni siquiera quería recuperar.
Yo seguía diciéndole que me lo diese y el insistía en que debía perdirlo por favor. Y a cada frase que decíamos, la distancia era cada vez más corta. Más, y más, y más y más. Apenas eran milímetros lo que separaba nuestras bocas y mis ojos, no se despegaban de la suya. Mis labios ya rozaban los suyos y seguía pidiendo mi anillo. Era electricidad pura la que desprendía aquel momento. Algo similar a lo que sucede cuando dejas cerca dos imanes pero los sujetas para que no se junten. Podía notar como respiraba y como acariciaba sus labios con los míos. Yo trataba de alargar aquel momento por siempre. Fue él, el que junto definitivamente su boca con la mía. Y cerré mis ojos con fuerza. Porque me quería quedar allí besándolo toda la noche. Me agarraba a su cuello para besarle aún más fuerte. Con desesperación. Con ganas. No quería separarme ni un segundo de él.

Desde aquella misma noche, empecé a pensar que quizá ver más allá de las nubes no era tan malo. Que había merecido la pena. Y que tras pelear por quitar aquellas nubes negras, había encontrado el sol.

martes, 1 de febrero de 2011

Atardece


Cadáveres de metal, estirados en dirección al sol,
calcinados y negros, alcanzan y desgarran tu carne mientras manos frías como el hielo, deshacen tu corazón. Y eso, si es que todavía tienes un corazón, dentro de esa cueva a la que llamas pecho. Y después de ver lo que vimos, ¿todavía podemos reclamar nuestra inocencia?
Si el mundo necesita algo mejor, démosle una razón más.


lunes, 17 de enero de 2011

Oooooh...





Cierra los ojos. Túmbate y cierra los ojos. Voy a recorrer con las yemas de mis dedos, cada rincón de tu cuerpo. Voy a erizar tu piel y provocar escalofríos. Sólo voy a regalarte caricias. Quiero que te inunden cosquilleos y que notes como la música sube y baja. Busco que necesites abrazarme fuerte y que sientas que lo que siento, es más real incluso que esta misma habitación.






sábado, 15 de enero de 2011

Sorrows



And now, be angry with your boy, because he doesn't spend enough time with you.
I bet you couldn't.

martes, 4 de enero de 2011

Re-locos, Re-cuerdos




Lo que yo necesitaba en ese preciso instante no se puede tocar. No me lo podían envolver para regalo y ponerle un lazo enorme. Aquello que quería no era material, ni era fácil de encontrar. Creo que ni siquiera deseándolo mucho habría aparecido.
Lo creía casi imposible o imposible del todo. Y me he pasado tanto tiempo buscándolo que desistí. Miré en cada ciudad, en las capitales más bellas del país. Bajo puentes, en playas, montañas, bares.
He sostenido miles de miradas, pero ninguna nunca me dice nada. He conocido a muchas personas, y pocas toman relevancia en mi vida.
Lo he pasado mal. He creído en mil historias. Me han herido, he llorado y he sanado. He recordado y también he olvidado. He jugado con el destino, junto al destino y contra él. Después borré su existencia. He sido fría y he sido caliente. Me he dejado llevar, y por llevarme de más, tuve que volver. He jugado y han ganado. He jugado y he perdido.
Tuve que olvidar el olor de días primaverales. Dejé de escuchar miles de canciones. Odié programas, situaciones, frases, hasta números.
Y en cambio, la esperanza seguía ahí.
En el momento más turbio de mi vida. En el momento en que no me esperaba nada. En el momento en que necesitaba todo. Lo tenía justo delante. Lo había esperado tanto tiempo que ahora me asusta lo que pueda pasar...
Lo llevaba escrito en las pupilas. Lo sabía. Sabía que lo había encontrado.
Encontré la sensación que me daría empujones cuando me encontrase perdida. Aquello que me diría que puedo volar si me lo propongo. Que soy fuerte, que valgo, que me quiera a mi misma.
Encontré también las ganas de levantarme por la mañana feliz. De acostarme con una sonrisa.
Descubrí que soy capaz de leer la mente, de que se me podía erizar la piel sólo con un roce.
También me dio por pensar que hay expresiones hechas para ser dichas cuando las sientes. Y que no importa lo tarde o temprano que sea. Y son expresiones tan necesarias que si no las dices, se te escapan. Sí, he aprendido a escupir mi más sincero yo.
Y se mezclo todo. Un jueves tras otro. Una mirada. Una sonrisa. El primer beso. Sentirlo desde la primera noche. Poder mirarlo horas y horas y horas y no cansarme.
Más allá de la perfección de su boca y la dulzura de su voz.
Era el ingrediente perfecto para borrar los problemas más feos y dibujar sonrisas más bonitas.
No tenía que irme lejos, ni buscarlo en lugares complejos. Iba a llegar en el momento justo.
Y no sé como ha pasado, pero antes de encontrarlo ya lo echaba de menos.











lunes, 3 de enero de 2011

Papelón.

Me invente mil maneras de perder la cabeza, es más sencillo así.