sábado, 19 de noviembre de 2011

Eternos


Siento cada minúscula elevación de la superficie de su lengua rozándose con la mía. Y no sé si son las yemas de sus dedos bailando delicadamente por mi nuca o las milésimas de segundo en la que nuestras miradas coinciden, que parecen minutos. No es por eso del romanticismo, pero nos hipnotizaban las miradas y yo no me pensaba separar. Los rizos castaños casi rubios, poco marcados, enredándose en mis manos, provocaba una erección en tu piel y me hacía tener la certeza de que en ese momento sólo te importaba yo. Eramos sólo los dos. Su boca y la mía. Su cuerpo y el mío. Su alma, en la mía. Y lo lamía. Mi lengua subía tu cuello otra vez, respirando tras su paso para traerte el frío del invierno en el momento más caluroso del mes de agosto. Que aparte de sudar o no sudar, quería que se olvidase de sexos, ni yo mujer, ni él hombre. Etéreos, amor. Quería hacer que cada vez que te acordases de este instante, se concentrase toda tu sangre en un único punto, que te sonrojases en cualquier lugar por la presión. Y trazo lineas a lo largo de tu abdomen. Sabes cual es la canción que suena y sabes por qué ahora. Te has deshecho ya de toda tela inservible y disfrutas de la desnudez de mi piel. Juegas con cada curva que marca mi figura, a la vez que tu cuerpo se pierde entre mis rodillas. Cansada ya de formar constelaciones con los lunares de tu espalda, de arañarte puntualmente después de cada mordisco allá donde sabes, te miro desde arriba. Vuelves a ser tú la víctima de mi control y la desesperación de reducir y acelerar la velocidad a mi antojo te está matando. Sé lo que quieres una vez más y aunque ya lo intuyas te lo digo... "Planeo hacerte el amor, cariño."

1 comentario:

  1. ''Cansada ya de formar constelaciones con los lunares de tu espalda'', la metáfora es preciosa.

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