jueves, 5 de enero de 2012

Ángeles caídos

Las manos de él se deslizaron por el cuerpo de Clary, por encima de la piel de seda y ella se estremeció, apoyándose en él, segura de que ambos sabían a sangre, cenizas y sal, pero no importaba; el mundo, la ciudad y todas sus luces y su vida parecían haberse reducido a aquello, a él y ella, el corazón ardiente de un universo congelado.

Ni tus propios enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.