martes, 11 de septiembre de 2012

Ni sí ni no. Nada.

De esas noches que nos hacíamos el amor, incluso después de destrozarnos cualquier amor que nos tuviésemos. Que nos agarrábamos a los resquicios de un cariño infinito y olvidábamos las cuchilladas más recientes. De esas noches en que la luz era tenue, dando fuerza a las sombras y a los límites de nuestros cuerpos desnudos, frágiles y doloridos. Con música y un olor a desesperación por que no acabasen esos instantes. Por registrar las caricias más sinceras y más fieles, después de sacar a la luz cientos de sucias mentiras. Las mejores noches, después de matarnos en un salón demasiado vacío y frío, agonizar bajo las sábanas y con tus manos. Después de asesinarme lo más dolorosamente, curarme con el cariño y la necesidad más real y humana.

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